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.

...Y por mis venas, poesía.

viernes, 6 de abril de 2018

EL AMOR A VECES MATA

Solo en sueños podía imaginarse                                          
Su mundo sin sus besos y su risa
Las noches de verano con su brisa
Junto a él, su mano entre sus dedos.
Juntos eran equipo y compañeros              
Dos en uno que forman un entero
Eran brisa de mar, salitre y cielo
Eran fieles amantes del deseo.
Eran dos corazones que latían
Al unísono la misma melodía
Un compacto de sangre, piel y huesos
Un enredo de miembros en el lecho.
Cuando llegó el final, no supo verlo
La pilló por sorpresa el devaneo.
No pudo resistir seguir sin él
Y prefirió la muerte a la agonía.
De vivir sin su amor un solo día.
De pensar en su boca en otros labios
En sus dedos que un día acariciaron
Su cuerpo, otro cuerpo acariciando.
El viejo roble, testigo de sus sueños
Y de  su risa alegre, tantas veces
Sirvió como instrumento de su muerte
…Y allí la encontró el sol al día siguiente
Como fruto colgante, fría e inerte

Julia L. Pomposo

lunes, 26 de marzo de 2018

¡TE QUIERO TANTO, SEÑOR!


En horas de tocar fondo,
de necesitar consuelo,
de arrastrarme por el suelo,
entre tus brazos me escondo.

No hay un bálsamo mejor
que el de asomarme a tus ojos
que me miran sin enojo
¡Te quiero tanto Señor!

Al contemplar esa Cruz
donde todos te pusimos
siento un dolor infinito
del que me consuelas Tú.

Eres mi hermano mayor
mi compañero y amigo,
aquel en quien yo confío
¡Te quiero tanto Señor!

Para amar como Tu amaste
con ese amor tan enorme
es necesario ser Hombre,
ser Espíritu y ser Dios.

Porque ahí quiero estar yo,
perdóname si he pecado
y no me eches de tu lado
¡Te quiero tanto Señor!

Julia . L. Pomposo

lunes, 19 de marzo de 2018

SUEÑOS REALES



Despertad ángeles todos
Abrid las alas
Alzad el vuelo
Un alma se había perdido
Y al fin ha vuelto.
Alumbrad estrellas
Brillad luceros
Cruzad galaxias
Surcad los cielos
Contad a todos la buena nueva
De lo profundo de los infiernos
Alguien regresa.

Marchó un buen día
Sin cita previa
Probó aventuras
Luchó en mil guerras
Para enfrentarse con su conciencia
Perdió batallas
Gano miserias
Al fin, desengañado por lo que viera
Salió del pozo donde se hallaba

Y volvió al camino
Que un día perdiera
Y aun recordaba.
No busques sueños artificiales
Vuelve al regazo
Sueña conmigo
Yo te daré sueños reales
Por eso hoy grito...

¡Despertad ángeles todos
Abrid las alas
Alzad el vuelo
Un alma se había perdido
Y al fin ha vuelto!

Julia L. Pomposo

miércoles, 7 de marzo de 2018

MUJER


Sigue mujer, adelante,
no pares tu caminar,
sigue tu camino libre.
Conseguirás lo que quieras.
Serás hija, hermana y madre,
esposa, amiga y amante.

Inventarás nuevos sueños,
lucharás con alegría,
superarás tus caidas,
forjarás tu día a día;
pero siempre serás tú,
sin que nadie te lo impida.

No dejes que otros levanten
los pilares de tu vida.
Se luchadora y se libre,
se fuerte y dulce a la vez
y canta a los cuatro vientos,
el gozo de ser mujer.

No dejes que nadie corte
tu libertad ni tus alas.
No dejes que te amedranten,
sigue corriendo y volando.
Sigue mujer...¡Adelante!

Julia L. Pomposo


viernes, 2 de marzo de 2018

LA RECETA DE LA GITANA


Hoy propongo una receta
 que encontré en un viejo armario,
me la enseñó una gitana
que un día leyó  mi mano.

El plato se llama amor
 pero cuesta prepararlo
lleva muchos ingredientes
 y es difícil encontrarlos.

Unos trozos de paciencia,
 de caridad y de agrado,
remuévelo todo bien
 y para formar el caldo,
un chorrito de alegría 
y de tolerancia, un cazo.

Aderézalo con besos,
 con bondad y con abrazos.
Añádele compasión
 y no olvides la esperanza,
y para que salga bueno
 no le pongas muchas lágrimas.

La educación que no falte
 que le da un toque de gracia
y el respeto y la ternura
 le dan buen gusto a la salsa.

Y con estos ingredientes,
 creo que ya está terminada.
si  alguno se me olvidó,
 pregúntale a la gitana.


 Julia L. Pomposo

viernes, 16 de febrero de 2018

RELATO CORTO EN TRES CAPÍTULOS

Hoy cambio de registro, aparco los poemas para dejaros este relato o cuento en tres capítulos, espero que os guste. El mensaje es duro pero tristemente cierto.



PARA LOS QUE CREEN QUE EL INFIERNO NO EXISTE


Capítulo 1º

        Eva abrió los ojos y miró a su alrededor sin saber dónde estaba. Durante unos minutos se dedicó a inspeccionar la habitación donde se encontraba.
        Era pequeña y muy limpia sin más mobiliario que la cama de hierro articulada en la que estaba acostada y a su izquierda una especie de repisa en la pared, que hacía las funciones de mesilla de noche, sobre la que había una caja de pañuelos de papel y una botella de agua mineral, ambas sin abrir. En la pared de la derecha había un amplio ventanal que dejaba pasar la luz tenuemente a través de las rendijas de una persiana de plástico de color azul.  El ambiente estaba agradablemente refrigerado y un olor a mezcla de alcohol, yodo y éter, tan característico de los hospitales, flotaba en el aire.

        De pronto la inspección quedó interrumpida por la entrada en la habitación de una enfermera que al verla despierta la saludó sonriente, _¡Vaya, por fin has despertado! ¿Cómo te encuentras?_ Y dirigiéndose hacia la ventana levantó la persiana dejando que la luz del día inundara el pequeño cuarto. Mientras le tomaba la temperatura le explicó lo que había ocurrido.
        Hace tres días que estás aquí ¿no lo recuerdas?, alguien te encontró en una callejuela del barrio antiguo inconsciente y magullada y avisó a la policía, ellos te trajeron. _Ahora descansa, luego pasará el doctor a visitarte_ y volvió a salir dejando a Eva confundida y sumida en sus pensamientos.

       Poco a poco los recuerdos fueron abriéndose paso en su cabeza y unas lágrimas calientes y amargas comenzaron a rodar por sus mejillas. ¿Cómo había caído tan bajo hasta llegar a esta situación?, apenas hacía un año que había comenzado todo, cuando alguien que a su vez conocía a alguien de su círculo de amigos, la invitó a una fiesta en la que el alcohol abundaba y en la que se jugaba a un juego que consistía en hacer girar suavemente  una mesita redonda sobre la que habían colocado varios vasos llenos de whisky, unos de los cuales llevaba además un “premio”, cada uno cogía el vaso que se había parado frente a él y Eva fue la “afortunada” en aquella especie de ruleta rusa.
       Al poco rato empezó a notar como una sensación de ingravidez la invadía y comenzó a elevarse sobro todos ellos, ¡era genial! Podía verlos bailando y riendo pero ya no los oía, ¡tan alto había volado! A su alrededor se agitaban millones de lucecitas que continuamente cambiaban de forma y color, como si de un inmenso calidoscopio se tratase. No recordaba cómo acabó la fiesta ni cómo llegó a su casa pero despertó en su habitación con un fuerte dolor de cabeza y unas terribles náuseas y en aquel momento se prometió a sí misma que no volvería a ocurrir, pero ocurrió…




Capítulo 2º   
   
 Su madre ya le había aconsejado en varias ocasiones que cambiase de amistades, que aquel grupito con el que salía era una mala influencia para ella, pero Eva siempre se burlaba acusándola de vivir obsesionada con el fantasma de la droga y solía decirle _ no te preocupes, tu hija tiene muy claro que nunca entrará en ese sórdido mundo_ pero había entrado…¡Y cómo!

       Al principio fueron pequeños asaltos al monedero  de mamá pero pronto se fue convirtiendo en algo más serio. Hoy unos pendientes, mañana un anillo y así, poco a poco, fueron desapareciendo las escasas joyas que había en la casa.

       Después había perdido el trabajo de fin de semana que tenía en un restaurante de comida rápida, demasiadas sisas a la caja y demasiados bolsos de compañeras robados acabaron por acusarla a ella, a la que milagrosamente, nadie robaba nunca.

        Sus, cada vez más frecuentes, idas y venidas al barrio antiguo donde habitaba toda la crem de la crem de los camellos y traficantes de la ciudad, eran su única ocupación.

       Vivía en un infecto cuartucho sin ventilación de una inmunda pensión del mismo barrio, desde aquel día en que su madre se había negado a darle dinero y ella, ciega de furia había levantado la mano para golpearla y así habría sido si en aquel momento no hubiese llegado su hermano impidiéndoselo. Luego se enteró por alguien  de que su madre había muerto de un infarto dos meses después y supo entonces que había sido ella la culpable de su muerte, pero ni los tres días que permaneció sin salir de la pensión, ni todas las lágrimas que había derramado en aquellos días, podrían ya hacer nada y ella tendría que vivir de ahora en adelante con el peso de aquella losa sobre su conciencia.



Capítulo 3º

      La primera vez que vendió su cuerpo para conseguir dinero con el que seguir alimentando su adicción, sintió una repugnancia infinita pero poco a poco lo fue haciendo cada vez con más frecuencia hasta convertirse para ella en una simple fuente de ingresos con la que poder aplacar aquel monstruo que le devoraba  las entrañas. No quería pensar en cuantas vejaciones, humillaciones y vilezas había tenido que soportar, a veces por tan solo unas pocas monedas.
        Solo tenía veintidós años pero aparentaba casi cuarenta. Su pelo había pasado de ser una hermosa melena brillante y cobriza a una especie de maraña sucia y sin color. Todo su pensamiento lo ocupaba la necesidad de conseguir dinero y no tenía ni tiempo ni ganas de ocuparse de nada más.

        Eva no sabía cuanto tiempo llevaba sumida en sus recuerdos, cuando de pronto se abrió la puerta y entró el doctor; era un hombre de unos cuarenta y cinco años, alto y de tez algo pálida que la saludó con un ¿Cómo te encuentras?. El Dr. Bravo le explicó que su estado era delicado pues padecía una anemia bastante seria y le advirtió que debía cambiar de vida si no por ella, al menos por el hijo que estaba esperando, ya que se encontraba embarazada de más de dos meses. Seguidamente se fue dejando a Eva sumergida en un mar de confusiones. Su primer sentimiento fue de pánico ¡Qué iba a hacer ella con un bebé¡…Pero poco a poco, la idea fue tomando forma dentro de su cabeza y el pánico inicial se fue convirtiendo en almo más dulce que le inundaba el corazón.



Epílogo

         ¿Por qué no?, eso sería el aliciente para empezar a cambiar de vida. Llamaría a su hermano, que tantas veces había  intentado entablar contacto con ella, él le ayudaría y tendría a su hijo y se esforzaría en encontrar un trabajo para poder criarlo y cuidarlo.

          Plácidamente se fue quedando dormida, ya habría tiempo mañana de seguir planeando la llegada de su bebé, mañana comenzaría una nueva etapa de su vida y eso la asustaba, sabía que sería muy duro y nada fácil, vendrían días de desesperación y amargura en los que querría dejarlo todo, pero también sentía mucha ilusión y una gran esperanza llenaba su ánimo. Atrás quedaría el infierno del tiempo vivido, sería  una maravillosa experiencia, ahora tenía un motivo para seguir viviendo  y por lo que luchar y con estos pensamientos se quedó dormida,  mientras una sonrisa iluminaba su rostro.

                                                                                     FIN

viernes, 2 de febrero de 2018

PEREJILILLO

Este poema está dedicado a todas esas abuelas, que por circunstancias de la vida, se ven obligadas a criar ellas a sus nietos, con las responsabilidades y consecuencias que eso conlleva. Va para ellas.

       Perejilillo
Nadie conoce su nombre
le llaman Perejilillo               
porque su abuela de verde
siempre le lleva vestido.

Le verás correteando
alegre por la vereda
y detrás refunfuñando
se oye gritar a la abuela.

Perejilillo vamos, no te entretengas
que ya se van tus amigos,
que llegas tarde a la escuela

¡Qué niño, Señor, que niño!
¡Qué guerra por Dios, que guerra!
que ganas tengo que crezca,
va rezongando la abuela,
que ya me pesan los años
y no estoy para carreras.

Pero un día que corría
Perejilillo a la escuela
al atravesar el puente
sobrevino la tragedia

Su pobre abuela no pudo
alcanzarlo en su carrera
quedó perpleja mirando como desaparecía
en el agua su cabeza.

Ha pasado más de un año
y el corazón se te rompe
cuando encuentras a la abuela
murmurando y cabizbaja
solita por la vereda.

Perejilillo vamos, Perejilillo venga
Perejilillo vuelve 
que está muy sola tu abuela

Que por mucho que me enfade
quiero tenerte conmigo
que eres carne de mi carne
eres hijo de mi hijo

Que si tú no vuelves niño
¿Para qué vive esta vieja?
Que sin ti, Perejilillo
nada en la vida me queda.

Julia L. Pomposo

viernes, 19 de enero de 2018

CARTA DE UN SOLDADO


Hoy el día amaneció oliendo a pólvora y fuego,
hoy el tronar del cañón me despertó de mi sueño.
y de pronto comprendí que no se por que peleo,
contra quien estoy luchando, ni que bandera defiendo.

Hoy cogí papel y lápiz para escribir lo que veo
y así dejar testimonio de este absurdo enfrentamiento.
No se si en mi corazón queda ya algún sentimiento
una fría indiferencia me recorre todo el cuerpo.

Entre el fragor de la lucha, de pensar no tengo tiempo
y poco a poco en mi mente se me borran los recuerdos.
De mi amada ya no evoco ni sus ojos, ni su pelo,
ni el perfume de su piel ni a lo que saben sus besos.

Ya he olvidado el aroma de las flores de mi huerto,
el de la tierra mojada y ese del pan recién hecho.
Los niños de este pais, no son como los del nuestro,
aquí no juegan ni rien porque no les queda tiempo.
Luchan por sobrevivir entre tanto sufrimiento,
aquí empuñan un fusil y dejan soldados muertos.

Pero he de acabar mi carta, algo me ha dado en el pecho
y de un rojo carmesí se está tiñendo mi cuerpo.
Espero que alguien la lea y que terminen con esto
pues la guerra es entre todos, el peor de los inventos.
Y como un día escribió un amigo en unos versos....

"Si los que ordenan las guerras, tuviesen que luchar ellos,
a lo largo de la Historia, nunca habría habido un guerrero"
Julia L. Pomposo



sábado, 16 de diciembre de 2017

¡QUÉ NOCHE TAN BELLA!

¿Has visto Tobías qué noche tan bella?
¿Por qué el firmamento luce hoy tan claro?
Es noche cerrada, ¿no lo encuentras raro?...           
¿Y por qué brilla tanto esa hermosa estrella?.

Oigo como voces allá en lo alto
mas,  no me hagas caso, deben ser los años.
Ya oigo cosas raras, pero yo diría
que eso son las voces de ángeles cantando.

Observa esa estrella, ¿está caminando?...
Vamos a seguirla, nos está llamando.
Coge algo de pan y miel, por si acaso.
A ver hasta dónde nos guían sus pasos.

Tengo miedo, Andrés, ¡todo es tan extraño!
Pues yo siento paz y una voz me dice
que algo está pasando.
Anda y date prisa, reúne al rebaño.

Para un poco, Andrés, que estoy muy cansado.
Un esfuerzo más que estamos llegando.
Mira, ¿ves la estrella?, al fin se ha parado.
¿Por qué se detiene sobre el viejo establo?

Ven, Tobías, no temas, que no pasa nada,
tan sólo es un niño envuelto entre pajas.
¡Pero qué dulzura tiene su mirada!.                                     
Sólo contemplarlo reconforta el alma.

¿Quién es este niño de madre tan bella?
Es el Rey del Cielo, por Él las estrellas
bajan a adorarle desde el firmamento.
Por nosotros viene a este mundo nuestro.

Pasarán los siglos y hasta los milenios
y recordarán a través del tiempo
lo que en este establo está sucediendo
y la hermosa noche que estamos viviendo.

Vamos presurosos, hay que divulgarlo,
que todos conozcan lo que ha sucedido.
Que en un pueblecito y en un pobre establo
el Hijo de Dios hoy nos ha nacido

Julia L. Pomposo

lunes, 4 de diciembre de 2017

EL GNOMO DEL JARDÍN

En el pequeño patio (al que nos gustaba llamar jardín) de la casa de mis abuelos, hay un gnomo de esos tan típicos que adornan los jardines de cualquier país del mundo. Está allí desde tiempo inmemorial, no sé de donde vino aunque creo recordar haber oído decir a  mi abuela, que lo recogió de la basura, donde alguien   lo había tirado para que pasase a mejor vida.

      Yo lo recuerdo desde que era niña y con el paso de los años fui testigo de los cambios producidos en su indumentaria. En primer lugar su vestimenta original fue, chaquetilla y gorro puntiagudo, ambos de un color rojo muy vivo y su pantalón de un tono marrón oscuro. Tiene una barba blanca y rizada y en su boca una eterna pipa de bambú. En su mano derecha lleva un farol, en el que se podía leer parte de una palabra, a la que se le habían caído las primeras letras y nunca supimos que querían decir aquellas cuatro letras, "…sute", siempre pensamos que debía ser  lo que quedaba de la marca del fabricante. En ese farolito, recuerdo que mi abuela solía meter un trozo de vela encendida y quedaba muy  bonito, sobre todo en las letárgicas noches mediterráneas de agosto, además la luz de la vela atraía a mosquitos, polillas y otros insectos voladores, librándonos así de sus molestas picaduras.
   
           Después, cada vez que en casa de mis abuelos se pintaban las verjas de hierro y las cercas de madera que rodeaban los parterres de flores a nuestro pequeño gnomo lo vestían con   el mismo color, supongo que para remediar los estragos del sol y la lluvia y que de paso, quedara a juego con lo demás. Por otra parte, eran otros tiempos y no se tiraba nada, en alguna ocasión por rebañar la lata de pintura al máximo, nuestro amigo se había quedado con su ropa a medio pintar, hasta la próxima ocasión.

         Pasaron los años, los nietos crecimos y abandonamos la vieja casa, donde hijos, padres y abuelos, habíamos vivido días felices. Pasado un tiempo mi abuelo murió, después mi abuela. Entre todos decidimos cerrar la casa hasta ver que se hacía con ella y el pobre gnomo quedó allí solo y abandonado.

         Hoy, después de muchos años, decidí acercarme al pueblo para ver como seguía la vieja casa. Ya desde lejos pude apreciar su decadencia: persianas rotas, el canalón que bordea el tejado colgando de una esquina y la maleza y la mala yerba invadiéndolo todo y por dentro todo cubierto por una gruesa capa de polvo, pero entre la maleza de pronto distinguí algo rojo y brillante y cual no sería mi sorpresa cuando al acercarme pude ver al viejo gnomo más reluciente que nunca, dándome la bienvenida mientras me alumbraba el camino con su farol encendido, al que por cierto, ahora tambien le faltaba la  “u” de la antigua palabra, ahora solo se podía leer  “…s..te”
...Y llámenme loca, pero de pronto aquella figurita inanimada cobró vida y me sonrió dejando caer su eterna pipa y os juro que como en un susurro me dijo "Gracias por venir a rescatarme"

Julia L. Pomposo

lunes, 13 de noviembre de 2017

RECORDANDO A DON QUIJOTE

Deambulando  por tierras de Castilla      
En su incansable búsqueda diaria
De nuevas aventuras temerarias
Sembrando va glorioso su semilla

Enjuta y taciturna es su apariencia
Se erige en juez y parte sin malicia
Implanta su razón y su justicia
Aquella que le dicta su conciencia

Sufriendo va del  tiempo la inclemencia
Sin techo que a sus huesos den cobijo
Poniendo su cordura en entredicho
Guiado por la voz de su demencia.

Y secundando sus locas aventuras
El compañero fiel de sus andanzas
El bonachón y torpe Sancho Panza
Partícipe de todas sus locuras.

Luchando con gigantes de altos brazos
Salvando a damiselas  en apuros
Sin apenas un trozo de pan duro
“Pa”  llevarse a la boca en su descanso.

Quién te iba a decir mi buen Alonso
Que tu nombre inmortal se volvería
Que en todos los idiomas te leerían
Pues siendo, tras la Biblia, a buen seguro
El Quijote, ¡El libro más famoso!

Julia L. Pomposo   

lunes, 30 de octubre de 2017

CUENTO DE HALLOOWEEN


Las lucecitas
La noche pasada no podía dormir, me encontraba muy inquieta y sentía una molestia que no sabría
definir. Supongo que el estar dando vueltas  y más vueltas en la cama, me iba poniendo cada vez
más nerviosa, así que decidí levantarme y salir a dar un paseo por los alrededores. En ese momento
debían ser las tres y media de la madrugada aproximadamente.
     
       Vivo a las afueras de un tranquilo pueblecito un poco apartado del mundo; está situado en el
centro de un valle y rodeado por un hermoso paisaje de montañas y bosques. Por lo tanto el salir a
pasear a esas horas puede resultar extravagante pero no peligroso.

        Mi casa es pequeña, pintada de blanco y con la puerta y ventanas de color azul. Está situada al
borde del camino, es la última casa del pueblo. Mirando hacia el fondo del camino se pueden
distinguir las altas tapias del Camposanto y la gran verja de entrada flanqueada por dos enormes
cipreses y por la que se vislumbra parte del interior del pequeño cementerio y justo hacia allí
encaminé mis pasos, con el único fin de cansar el cuerpo y tranquilizar el espíritu que por lo visto,
aquella noche estaba agitado y había decidido no dejarme dormir.

       Caminaba despacio mientras me arrebujaba en mi chal de lana que me había puesto sobre la bata de franela, ya que era  principio  de noviembre y  las madrugadas solían ser bastante frías.

        Según me acercaba, empecé a distinguir unas lucecitas que en un principio tomé por
luciérnagas, pero cuando estuve mas cerca me dí cuenta que no se movían por el suelo sino que
parecían flotar. Al llegar delante de la verja observé  que estaba abierta, cosa que me sorprendió
bastante, ya que Damián el sepulturero y que también hace las veces de jardinero, es muy cuidadoso
en su trabajo y jamás se había dejado el recinto abierto.
         Pero aquella noche parecía que hubiese presentido mi visita y me estuviese esperando.
         Atravesé la verja atraída por las luces que se movían de acá para allá por entre las tumbas.
       
       La luna no alumbraba demasiado aquella noche y me llevó un buen rato darme cuenta de lo que
se trataba. Eran un grupo de personas que vestían sendas capas  negras y cuyas amplias capuchas
ocultaban sus rostros. Cada uno de ellos llevaba una vela encendida en la mano y todos parecían
muy atareados, aunque no imaginaba que podían estar haciendo a esas horas tan intempestivas ni
mucho menos comprendía quien podrían ser esos misteriosos encapuchados.

        De pronto, se dieron cuenta de mi presencia y todos comenzaron a reunirse en un  mismo punto
y sin poder controlar mi curiosidad, me fui acercando hasta allí. Al  estar todas las velas juntas pude por fin distinguir sus rostros y para mi sorpresa, descubrí que todos me eran familiares. Estaban Pedro, el anterior sepulturero que había muerto hacía un par de años; también estaban Doña Adela y Doña  Aurora, ambas habían sido maestras de mi infancia y el anterior párroco, el padre Ambrosio fallecido hacía casi diez años, así hasta un total de veinte personas. Todas estaban alineadas frente a mí y me sonreían. De pronto se fueron apartando y tras ellos descubrí una mesa a la que se encontraban sentados mis padres, mis abuelos y algún que otro familiar fallecidos. Todos me hacían gestos con la mano como invitándome a que me sentase a la mesa con ellos.
     
       ¿Qué estaba ocurriendo? ¿Qué clase de broma macabra era aquella  y que hacían todos
aquellos difuntos allí?  De pronto, lo comprendí todo; se trataba de un sueño o mejor dicho, en este
caso, de una pesadilla.
 ¡Vaya! Después de todo, la noche anterior si que había conseguido
dormirme, lo que no había conseguido era……… ¡¡DESPERTAR!!

  
Julia L. Pomposo

lunes, 16 de octubre de 2017

ALLÁ EN EL TIEMPO


                                   
                      
                                                            El hombre viene a la vida      
tan puro y tan indefenso  
como el frágil pajarillo
que vuela surcando el cielo.

Luego, empieza su andadura
por este mundo imperfecto.
Se va forjando el carácter,
aparecen los defectos,
las virtudes se acrecientan
y se aprende a tener miedo.

El corazón se magulla
con los gozos y los quiebros,
con los dolores del alma
y los dolores del cuerpo
unos, los cura la ciencia,
los otros, los cura el tiempo.

Y continúa la vida
por distintos derroteros,
hasta entregar el testigo,
cuando te llegue el momento.

Y entonces, haces balance
de lo mortal y lo eterno,
y tu mente retrocede,
hasta el útero materno.

Donde todo comenzó,
un buen día, allá en el tiempo.

Julia L. Pomposo

jueves, 5 de octubre de 2017

VIOLETA Y EL ELFO

Hoy cambio de registro y en lugar de un poema, como es lo habitual, dejo este pequeño cuento de amor y desamor.


 Nuestra amiga Violeta, que era una pequeña hada muy bonita y pizpireta, paseaba una tarde por un sendero del bosque, a donde acudía cada día  durante la primavera para ver los nidos que las golondrinas hacían en las ramas de los árboles. Había un nido en especial que a Violeta le gustaba mucho, porque ya era el tercer año que aquella familia de aves, venía al mismo lugar a tener sus polluelos y Violeta había entablado amistad con la señora golondrina.
     Hablando estaban cuando apareció de pronto un elfo muy guapo que enseguida se fijó en Violeta, ambos se gustaron al momento. Ocurrió eso que llaman, un flechazo. Pasearon, hablaron y rieron hasta bien entrada la tarde y cuando ya Violeta volvía a su casa, su enamorado galán le dijo, justo al pasar junto al nido de las golondrinas.
     _Ahora tengo que marchar a un largo viaje que me mantendrá alejado de la comarca por unos meses, pero te prometo que antes de que estas golondrinas vuelvan, habré vuelto yo, ellas son testigos de la promesa que te hago.

       El elfo marchó y los meses pasaron; pasaron el verano, el otoño y el invierno....Y volvió la primavera y Violeta fue a saludar a sus amigas las golondrinas, pero el elfo no volvió . Cada año por primavera, venían las golondrinas y como  siempre, preguntaban a Violeta por su enamorado y la respuesta siempre era la misma. _ Aun no ha vuelto.

      Fue pasando el tiempo y un año las golondrinas no vinieron, ni al siguiente, ni nunca más.

      Violeta fue creciendo y también un día dejó de ir al lugar donde encontró a su elfo.
Con los años, poco a poco fue olvidándose de su rostro y de su voz. Pero nunca volvió a ser el hada alegre y siempre risueña que todos conocimos. Y el elfo y su promesa se perdieron para siempre en el tiempo y el olvido.

          Julia L. Pomposo

lunes, 2 de octubre de 2017

EMERGIENDO

Emergiendo de la locura del estío                         
regresa la rutina a ser mi aliada,
retornan las gloriosas madrugadas
unidas al Nocturno de Chopin.

Con un verano más a mis espaldas
y más tostado el tono de mi piel
retomo el calendario del día a día
del toma y daca del amanecer.

Atrás quedan los ecos de las fiestas
de un pueblo que se pone del revés,
las sobredosis de helados y cervezas
los quilos adquiridos por doquier.

Hoy  toca hacer un guiño a la cordura,
sacarse la pereza por los pies,
recuperar mis citas con la pluma
y  escribir este poema que aquí ven.

Sacudirme los restos de la arena
que permanecen pegados a mi piel
dejando atrás hasta el año que viene
las promesas de un nuevo enloquecer.

Ya ha llegado el otoño con su calma
con su serena belleza y su tibiez
con el dorado de sus hojas secas
y alargando las noches para él.

Y suma y sigue el ciclo de la Tierra
las estaciones se van parar volver
mientras yo sigo esperando que de nuevo
otro verano me haga florecer.

Julia L. Pomposo
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