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...Y por mis venas, poesía.

viernes, 19 de enero de 2018

CARTA DE UN SOLDADO


Hoy el día amaneció oliendo a pólvora y fuego,
hoy el tronar del cañón me despertó de mi sueño.
y de pronto comprendí que no se por que peleo,
contra quien estoy luchando, ni que bandera defiendo.

Hoy cogí papel y lápiz para escribir lo que veo
y así dejar testimonio de este absurdo enfrentamiento.
No se si en mi corazón queda ya algún sentimiento
una fría indiferencia me recorre todo el cuerpo.

Entre el fragor de la lucha, de pensar no tengo tiempo
y poco a poco en mi mente se me borran los recuerdos.
De mi amada ya no evoco ni sus ojos, ni su pelo,
ni el perfume de su piel ni a lo que saben sus besos.

Ya he olvidado el aroma de las flores de mi huerto,
el de la tierra mojada y ese del pan recién hecho.
Los niños de este pais, no son como los del nuestro,
aquí no juegan ni rien porque no les queda tiempo.
Luchan por sobrevivir entre tanto sufrimiento,
aquí empuñan un fusil y dejan soldados muertos.

Pero he de acabar mi carta, algo me ha dado en el pecho
y de un rojo carmesí se está tiñendo mi cuerpo.
Espero que alguien la lea y que terminen con esto
pues la guerra es entre todos, el peor de los inventos.
Y como un día escribió un amigo en unos versos....

"Si los que ordenan las guerras, tuviesen que luchar ellos,
a lo largo de la Historia, nunca habría habido un guerrero"
Julia L. Pomposo



sábado, 16 de diciembre de 2017

¡QUÉ NOCHE TAN BELLA!

¿Has visto Tobías qué noche tan bella?
¿Por qué el firmamento luce hoy tan claro?
Es noche cerrada, ¿no lo encuentras raro?...           
¿Y por qué brilla tanto esa hermosa estrella?.

Oigo como voces allá en lo alto
mas,  no me hagas caso, deben ser los años.
Ya oigo cosas raras, pero yo diría
que eso son las voces de ángeles cantando.

Observa esa estrella, ¿está caminando?...
Vamos a seguirla, nos está llamando.
Coge algo de pan y miel, por si acaso.
A ver hasta dónde nos guían sus pasos.

Tengo miedo, Andrés, ¡todo es tan extraño!
Pues yo siento paz y una voz me dice
que algo está pasando.
Anda y date prisa, reúne al rebaño.

Para un poco, Andrés, que estoy muy cansado.
Un esfuerzo más que estamos llegando.
Mira, ¿ves la estrella?, al fin se ha parado.
¿Por qué se detiene sobre el viejo establo?

Ven, Tobías, no temas, que no pasa nada,
tan sólo es un niño envuelto entre pajas.
¡Pero qué dulzura tiene su mirada!.                                     
Sólo contemplarlo reconforta el alma.

¿Quién es este niño de madre tan bella?
Es el Rey del Cielo, por Él las estrellas
bajan a adorarle desde el firmamento.
Por nosotros viene a este mundo nuestro.

Pasarán los siglos y hasta los milenios
y recordarán a través del tiempo
lo que en este establo está sucediendo
y la hermosa noche que estamos viviendo.

Vamos presurosos, hay que divulgarlo,
que todos conozcan lo que ha sucedido.
Que en un pueblecito y en un pobre establo
el Hijo de Dios hoy nos ha nacido

Julia L. Pomposo

lunes, 4 de diciembre de 2017

EL GNOMO DEL JARDÍN

En el pequeño patio (al que nos gustaba llamar jardín) de la casa de mis abuelos, hay un gnomo de esos tan típicos que adornan los jardines de cualquier país del mundo. Está allí desde tiempo inmemorial, no sé de donde vino aunque creo recordar haber oído decir a  mi abuela, que lo recogió de la basura, donde alguien   lo había tirado para que pasase a mejor vida.

      Yo lo recuerdo desde que era niña y con el paso de los años fui testigo de los cambios producidos en su indumentaria. En primer lugar su vestimenta original fue, chaquetilla y gorro puntiagudo, ambos de un color rojo muy vivo y su pantalón de un tono marrón oscuro. Tiene una barba blanca y rizada y en su boca una eterna pipa de bambú. En su mano derecha lleva un farol, en el que se podía leer parte de una palabra, a la que se le habían caído las primeras letras y nunca supimos que querían decir aquellas cuatro letras, "…sute", siempre pensamos que debía ser  lo que quedaba de la marca del fabricante. En ese farolito, recuerdo que mi abuela solía meter un trozo de vela encendida y quedaba muy  bonito, sobre todo en las letárgicas noches mediterráneas de agosto, además la luz de la vela atraía a mosquitos, polillas y otros insectos voladores, librándonos así de sus molestas picaduras.
   
           Después, cada vez que en casa de mis abuelos se pintaban las verjas de hierro y las cercas de madera que rodeaban los parterres de flores a nuestro pequeño gnomo lo vestían con   el mismo color, supongo que para remediar los estragos del sol y la lluvia y que de paso, quedara a juego con lo demás. Por otra parte, eran otros tiempos y no se tiraba nada, en alguna ocasión por rebañar la lata de pintura al máximo, nuestro amigo se había quedado con su ropa a medio pintar, hasta la próxima ocasión.

         Pasaron los años, los nietos crecimos y abandonamos la vieja casa, donde hijos, padres y abuelos, habíamos vivido días felices. Pasado un tiempo mi abuelo murió, después mi abuela. Entre todos decidimos cerrar la casa hasta ver que se hacía con ella y el pobre gnomo quedó allí solo y abandonado.

         Hoy, después de muchos años, decidí acercarme al pueblo para ver como seguía la vieja casa. Ya desde lejos pude apreciar su decadencia: persianas rotas, el canalón que bordea el tejado colgando de una esquina y la maleza y la mala yerba invadiéndolo todo y por dentro todo cubierto por una gruesa capa de polvo, pero entre la maleza de pronto distinguí algo rojo y brillante y cual no sería mi sorpresa cuando al acercarme pude ver al viejo gnomo más reluciente que nunca, dándome la bienvenida mientras me alumbraba el camino con su farol encendido, al que por cierto, ahora tambien le faltaba la  “u” de la antigua palabra, ahora solo se podía leer  “…s..te”
...Y llámenme loca, pero de pronto aquella figurita inanimada cobró vida y me sonrió dejando caer su eterna pipa y os juro que como en un susurro me dijo "Gracias por venir a rescatarme"

Julia L. Pomposo

lunes, 13 de noviembre de 2017

RECORDANDO A DON QUIJOTE

Deambulando  por tierras de Castilla      
En su incansable búsqueda diaria
De nuevas aventuras temerarias
Sembrando va glorioso su semilla

Enjuta y taciturna es su apariencia
Se erige en juez y parte sin malicia
Implanta su razón y su justicia
Aquella que le dicta su conciencia

Sufriendo va del  tiempo la inclemencia
Sin techo que a sus huesos den cobijo
Poniendo su cordura en entredicho
Guiado por la voz de su demencia.

Y secundando sus locas aventuras
El compañero fiel de sus andanzas
El bonachón y torpe Sancho Panza
Partícipe de todas sus locuras.

Luchando con gigantes de altos brazos
Salvando a damiselas  en apuros
Sin apenas un trozo de pan duro
“Pa”  llevarse a la boca en su descanso.

Quién te iba a decir mi buen Alonso
Que tu nombre inmortal se volvería
Que en todos los idiomas te leerían
Pues siendo, tras la Biblia, a buen seguro
El Quijote, ¡El libro más famoso!

Julia L. Pomposo   

lunes, 30 de octubre de 2017

CUENTO DE HALLOOWEEN


Las lucecitas
La noche pasada no podía dormir, me encontraba muy inquieta y sentía una molestia que no sabría
definir. Supongo que el estar dando vueltas  y más vueltas en la cama, me iba poniendo cada vez
más nerviosa, así que decidí levantarme y salir a dar un paseo por los alrededores. En ese momento
debían ser las tres y media de la madrugada aproximadamente.
     
       Vivo a las afueras de un tranquilo pueblecito un poco apartado del mundo; está situado en el
centro de un valle y rodeado por un hermoso paisaje de montañas y bosques. Por lo tanto el salir a
pasear a esas horas puede resultar extravagante pero no peligroso.

        Mi casa es pequeña, pintada de blanco y con la puerta y ventanas de color azul. Está situada al
borde del camino, es la última casa del pueblo. Mirando hacia el fondo del camino se pueden
distinguir las altas tapias del Camposanto y la gran verja de entrada flanqueada por dos enormes
cipreses y por la que se vislumbra parte del interior del pequeño cementerio y justo hacia allí
encaminé mis pasos, con el único fin de cansar el cuerpo y tranquilizar el espíritu que por lo visto,
aquella noche estaba agitado y había decidido no dejarme dormir.

       Caminaba despacio mientras me arrebujaba en mi chal de lana que me había puesto sobre la bata de franela, ya que era  principio  de noviembre y  las madrugadas solían ser bastante frías.

        Según me acercaba, empecé a distinguir unas lucecitas que en un principio tomé por
luciérnagas, pero cuando estuve mas cerca me dí cuenta que no se movían por el suelo sino que
parecían flotar. Al llegar delante de la verja observé  que estaba abierta, cosa que me sorprendió
bastante, ya que Damián el sepulturero y que también hace las veces de jardinero, es muy cuidadoso
en su trabajo y jamás se había dejado el recinto abierto.
         Pero aquella noche parecía que hubiese presentido mi visita y me estuviese esperando.
         Atravesé la verja atraída por las luces que se movían de acá para allá por entre las tumbas.
       
       La luna no alumbraba demasiado aquella noche y me llevó un buen rato darme cuenta de lo que
se trataba. Eran un grupo de personas que vestían sendas capas  negras y cuyas amplias capuchas
ocultaban sus rostros. Cada uno de ellos llevaba una vela encendida en la mano y todos parecían
muy atareados, aunque no imaginaba que podían estar haciendo a esas horas tan intempestivas ni
mucho menos comprendía quien podrían ser esos misteriosos encapuchados.

        De pronto, se dieron cuenta de mi presencia y todos comenzaron a reunirse en un  mismo punto
y sin poder controlar mi curiosidad, me fui acercando hasta allí. Al  estar todas las velas juntas pude por fin distinguir sus rostros y para mi sorpresa, descubrí que todos me eran familiares. Estaban Pedro, el anterior sepulturero que había muerto hacía un par de años; también estaban Doña Adela y Doña  Aurora, ambas habían sido maestras de mi infancia y el anterior párroco, el padre Ambrosio fallecido hacía casi diez años, así hasta un total de veinte personas. Todas estaban alineadas frente a mí y me sonreían. De pronto se fueron apartando y tras ellos descubrí una mesa a la que se encontraban sentados mis padres, mis abuelos y algún que otro familiar fallecidos. Todos me hacían gestos con la mano como invitándome a que me sentase a la mesa con ellos.
     
       ¿Qué estaba ocurriendo? ¿Qué clase de broma macabra era aquella  y que hacían todos
aquellos difuntos allí?  De pronto, lo comprendí todo; se trataba de un sueño o mejor dicho, en este
caso, de una pesadilla.
 ¡Vaya! Después de todo, la noche anterior si que había conseguido
dormirme, lo que no había conseguido era……… ¡¡DESPERTAR!!

  
Julia L. Pomposo

lunes, 16 de octubre de 2017

ALLÁ EN EL TIEMPO


                                   
                      
                                                            El hombre viene a la vida      
tan puro y tan indefenso  
como el frágil pajarillo
que vuela surcando el cielo.

Luego, empieza su andadura
por este mundo imperfecto.
Se va forjando el carácter,
aparecen los defectos,
las virtudes se acrecientan
y se aprende a tener miedo.

El corazón se magulla
con los gozos y los quiebros,
con los dolores del alma
y los dolores del cuerpo
unos, los cura la ciencia,
los otros, los cura el tiempo.

Y continúa la vida
por distintos derroteros,
hasta entregar el testigo,
cuando te llegue el momento.

Y entonces, haces balance
de lo mortal y lo eterno,
y tu mente retrocede,
hasta el útero materno.

Donde todo comenzó,
un buen día, allá en el tiempo.

Julia L. Pomposo

jueves, 5 de octubre de 2017

VIOLETA Y EL ELFO

Hoy cambio de registro y en lugar de un poema, como es lo habitual, dejo este pequeño cuento de amor y desamor.


 Nuestra amiga Violeta, que era una pequeña hada muy bonita y pizpireta, paseaba una tarde por un sendero del bosque, a donde acudía cada día  durante la primavera para ver los nidos que las golondrinas hacían en las ramas de los árboles. Había un nido en especial que a Violeta le gustaba mucho, porque ya era el tercer año que aquella familia de aves, venía al mismo lugar a tener sus polluelos y Violeta había entablado amistad con la señora golondrina.
     Hablando estaban cuando apareció de pronto un elfo muy guapo que enseguida se fijó en Violeta, ambos se gustaron al momento. Ocurrió eso que llaman, un flechazo. Pasearon, hablaron y rieron hasta bien entrada la tarde y cuando ya Violeta volvía a su casa, su enamorado galán le dijo, justo al pasar junto al nido de las golondrinas.
     _Ahora tengo que marchar a un largo viaje que me mantendrá alejado de la comarca por unos meses, pero te prometo que antes de que estas golondrinas vuelvan, habré vuelto yo, ellas son testigos de la promesa que te hago.

       El elfo marchó y los meses pasaron; pasaron el verano, el otoño y el invierno....Y volvió la primavera y Violeta fue a saludar a sus amigas las golondrinas, pero el elfo no volvió . Cada año por primavera, venían las golondrinas y como  siempre, preguntaban a Violeta por su enamorado y la respuesta siempre era la misma. _ Aun no ha vuelto.

      Fue pasando el tiempo y un año las golondrinas no vinieron, ni al siguiente, ni nunca más.

      Violeta fue creciendo y también un día dejó de ir al lugar donde encontró a su elfo.
Con los años, poco a poco fue olvidándose de su rostro y de su voz. Pero nunca volvió a ser el hada alegre y siempre risueña que todos conocimos. Y el elfo y su promesa se perdieron para siempre en el tiempo y el olvido.

          Julia L. Pomposo

lunes, 2 de octubre de 2017

EMERGIENDO

Emergiendo de la locura del estío                         
regresa la rutina a ser mi aliada,
retornan las gloriosas madrugadas
unidas al Nocturno de Chopin.

Con un verano más a mis espaldas
y más tostado el tono de mi piel
retomo el calendario del día a día
del toma y daca del amanecer.

Atrás quedan los ecos de las fiestas
de un pueblo que se pone del revés,
las sobredosis de helados y cervezas
los quilos adquiridos por doquier.

Hoy  toca hacer un guiño a la cordura,
sacarse la pereza por los pies,
recuperar mis citas con la pluma
y  escribir este poema que aquí ven.

Sacudirme los restos de la arena
que permanecen pegados a mi piel
dejando atrás hasta el año que viene
las promesas de un nuevo enloquecer.

Ya ha llegado el otoño con su calma
con su serena belleza y su tibiez
con el dorado de sus hojas secas
y alargando las noches para él.

Y suma y sigue el ciclo de la Tierra
las estaciones se van parar volver
mientras yo sigo esperando que de nuevo
otro verano me haga florecer.

Julia L. Pomposo

viernes, 29 de septiembre de 2017

ADIOS A UN AMIGO BLOGGERO

Hoy me he despertado con un mal comienzo del día. Abro el facebook y me encuentro con la triste noticia de que nos ha dejado Pedro Luis López, del blog Poesía y Vivencias  un bloguero muy querido por todos los que le seguíamos en su blog. Era una persona extraordinaria de gran corazón. Descansa en paz, amigo.

viernes, 22 de septiembre de 2017

¿EL SUEÑO DE UNA NOCHE DE VERANO?

Era noche estrellada, lo recuerdo
una brisa soplaba desde el mar
se oían risas de fondo en la distancia           
y un perfume a caléndulas, flotar.

Mi corazón brincaba acelerado
las manos me temblaban sin cesar,
no se si era de miedo o de alegría
no sabía que ocurría en realidad.

Veía mariposas que volaban
 despiertas a deshoras , sin razón
junto a brujas montadas en su escoba
cantando a  voz en grito una canción

Los elfos y los duendes correteaban
jugando al escondite sin parar
y un hada sonreía tras un seto
con un gesto invitándome a jugar.

Los faunos me contaban sus secretos
la luna tarareaba una canción
Morfeo me acogía en su regazo
sumiéndome en un dulce sopor

El canto de los grillos se mezclaba
con los latidos de mi pobre corazón,
se  oía un rumor de aguas, ya clareaba
la noche se volvía a su rincón.

Hipólita y Helena filtreaban
jugando con Lisandro y Oberón
Y yo , aun ahora me pregunto
acordándome de Shakespeare, que pasó

¿Fue el sueño de una noche de verano,
o fue verdad que todo sucedió?
Con esta duda acabo mi poema
y que el final, lo ponga hoy el lector

Julia L. Pomposo





sábado, 16 de septiembre de 2017

EL ROBLE DEL JARDÍN


La noche pasada la tormenta había sido imponente y no había parado de nevar hasta bien entrada la madrugada, ahora un gélido y cortante viento azotaba las ramas del viejo roble que ocupaba gran parte de nuestro pequeño jardín.
El viejo y frondoso roble que había plantado mi abuelo un siglo atrás y en el que podría decirse que estaba escrita la historia de mi vida, ya que muchos de los momentos más importantes de ella, habían ocurrido al amparo de sus ramas.
          Sobre su copa, mi hermano y yo, solíamos jugar de pequeños, sintiéndonos Robinson y Viernes o Tarzán y Jane, incluso habíamos construido una endeble y destartalada cabaña entre sus ramas, que crujía alarmantemente cada vez que subíamos y bajábamos de ella.

           Seguí creciendo a su sombra y durante mi adolescencia su vieja corteza se fue tatuando con sangrantes corazones atravesados por una flecha, eso si, siempre con distintas iniciales, dependiendo de como se llamase el "noviete" de turno. Años más tarde sirvió de decorado para la foto oficial de mi boda y que aún hoy, preside la chimenea del salón.

               Bajo su manto protector  solía colocar la cuna-moisés de mi bebé, al resguardo de los rayos del sol en las cálidas tardes de primavera, mientras que yo me dedicaba a enredar entre las margaritas y azaleas del jardín. También bajo el viejo roble descansaba, hacía dos años ya, mi querido amigo Pucky, el bonachón San Bernardo que me había acompañado fielmente durante dieciséis años, sin otro objetivo en su vida que el de adorarme, con ese amor leal y totalmente desinteresado que solo un perro es capaz de dar.

             Y a su sombra protectora continúo sentándome hoy día en las tardes soleadas para dar un merecido descanso a mi pobre osamenta mientras que mi mirada se pierde en la distancia y mis recuerdos, como hoy, vuelan libres.


             Siempre he pensado que algún día, cuando me llegue la hora de partir, me gustaría descansar al abrigo de sus ramas para poder enredarme entre sus raíces y fundirnos en uno solo, Pucky, el roble y yo.

              De pronto un intenso resplandor seguido de un trueno, rompieron el hilo de mis pensamientos. Había estado tan absorta divagando por mis recuerdos, que no había notado que la tormenta había vuelto con más furia todavía que el día anterior. Solo tuve el tiempo justo para mirar por la cristalera del salón y ver como el rayo partía en dos a mi viejo y querido roble.Y mientras lo veía caer herido de muerte, sentía como al mismo tiempo dentro de mi, algo se moría con él.

Julia L. Pomposo

sábado, 9 de septiembre de 2017

COLORES


Azul es el color de tus pupilas
Azul como ese océano infinito
Azul como el espacio que me envuelve
              Azul como en el valle son los lirios                     

Castaño es el color de tus cabellos
Castaño como en otoño, el enramado
Castaño como el del roble en la montaña
Castaño como un potrillo desbocado

Rojo es el color que hay en tu boca
Rojo como los frutos del cerezo
Rojo como la sangre de tus venas
Rojo como el ardor que imprime un beso

Dorado es el color que hay en tu piel
Que con un suave rosa se recrea
Y con marrón y negro se aparea
Siendo amarillo el broche que la cierra

La piel multicolor de los humanos
Arco iris de razas variopintas
De colores que emplea en su paleta
El gran Creador y artífice de vida.

Julia L. Pomposo

domingo, 3 de septiembre de 2017

BÚSCAME ENTRE LAS ESTRELLAS


Cuando me marche de aquí,
búscame entre las estrellas
no quiero subir más alto
quiero quedarme entre ellas

Pues desde allí podré ver
lo que ocurre aquí en la tierra
podré contemplarte amor
aunque tu ya no me veas.

Cuando de aquí me haya ido
suéñame cuando te duermas
y podré volver contigo
siempre que tu así lo quieras.

En sueños yo te hablaré
de mi estancia en las estrellas
y juntos evocaremos
moches de pasiones llenas.

Y luego cuando despiertes
me marcharé de tu sueño
llevándome tu sonrisa,
la fragancia de tu piel,
el tacto de unas caricias
y un beso con gusto a miel.

Y sobre todo recuerda
cuando me vaya de aquí.
si quieres que vuelva a ti
búscame etre las estrellas.

Julia L. Pomposo

jueves, 24 de agosto de 2017

LA PARTIDA


Sentada en la escalera de la vida,
subiendo poco a poco los peldaños
mientras que sigues jugando esta partida
pasan los días, los meses y los años.

Lamentando la suerte de tu estela,
el mundo gira al azar y por antojo,
tú apuestas negro y par a la ruleta,
y oyes la voz que grita,_ impar y rojo

Planeas paso a paso las jugadas,
lanzas tus dados cargados de esperanza
lo juegas todo y no recibes nada,
apuestas fuerte pero la vida manda.

Somos todos jugadores sin quererlo
de esta partida complicada y larga
y aunque te empeñes en dirigir el juego
tu destino dirá la última palabra.

De la baraja que me dieron al nacer
me van quedando ya poquitas cartas,
por eso apuesto todo a mi presente
que ya se ocupa Dios de mi mañana.

Julia L. Pomposo


miércoles, 16 de agosto de 2017

LA NOCHE


Muere el día en el ocaso
y el sol se va a descansar.
Un nuevo mundo comienza,
un mundo de oscuridad,
donde magia y fantasía
se mezclan con realidad.

Yo que soy ave nocturna
admiro la inmensidad
de la noche taciturna
ya tachonada de estrellas
y en mis sueños, con mis alas
levanto el vuelo hacia ellas.

Voy descubriendo en la luna
todas sus caras más bellas
¡Qué no me digan los hombres
que tan solo es roca y piedras!
para mi siempre será
la novia de los poetas.

El mar se viste de negro
con su traje de etiqueta,
susurran los cementerios
revolotean los murciélagos
al abandonar sus cuevas
dando a la noche misterio.

La noche guarda el embrujo
de los ritos en la hoguera,
con aromas de aquelarres,
rumores de historias viejas
que se contaba a los niños
para que a dormir se fueran.

Pero la noche transcurre
plácidamente serena,
esperando que amanezca,
para marcharse discreta
y dejar que los mortales
sigan tejiendo leyendas.

Julia L. Pomposo

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